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Movimiento es felicidad


Escrito por:

John Duperly MD PhD
Especialista en Medicina Interna y Doctorado en Medicina del Deporte
Universidad de los Andes - Fundación Santa Fe de Bogotá
www.johnduperly.com; @johnduperly

La asociación entre movimiento o actividad física y sentimientos positivos de alegría, satisfacción o felicidad es conocida desde la antigüedad. Aunque la investigación sobre este tema es compleja y aún insuficiente, la mayoría de estudios sugiere una mejor salud mental y sentimientos positivos en aquellos individuos con mayores niveles de actividad física. Debemos reconocer que no existe una definición clara y absoluta de felicidad. Existen perspectivas psicosociales, artísticas, espirituales y neurológicas entre otras, pero la mayoría de autores acepta que se trata de una emoción, una percepción de bienestar, de sentimientos y sensaciones positivas con respecto a uno mismo, a su entorno y a la vida. 

 

Dada la complejidad de este concepto, vale la pena diferenciar algunos de los componentes de lo que llamamos felicidad. Numerosos autores han escrito y discutido el tema e incluyen dominios como nivel de ingresos, nutrición y salud, educación o libertad política, personalidad, valores, talentos y virtudes. Otros resumen aspectos como auto-aceptación, sentimientos y actitudes positivas hacia uno mismo, relaciones interpersonales favorables, cálidas y llenas de confianza, percepción propia de autonomía y sentimientos de “sentido de la vida” y posibilidades de crecimiento y desarrollo personal.

 

¿Cómo puede un concepto tan abstracto y complejo relacionarse con el movimiento corporal? El movimiento humano, técnicamente conocido como actividad física, ejercicio o deporte según sus características, contexto y objetivos, puede ofrecer una sorprendente oportunidad de experiencias y sentimientos positivos que podríamos dividir a grandes rasgos en biológicos y psicosociales. 

 

En cuanto a la biología, vale la pena recordar que el movimiento hace parte fundamental de la vida sobre la tierra, desde de sus especies más elementales hasta el ser superior, el ser humano. La supervivencia de los seres vivos ha estado determinada en gran medida por el movimiento a través de la evolución. Los pequeños organismos microscópicos poseen en su mayoría gran movilidad, que les permite aproximarse al alimento o alejarse de ambientes peligrosos o tóxicos. Asimismo, los animales más evolucionados como el ser humano, han dependido para su supervivencia de la posibilidad de cambiar de lugar rápidamente (correr, saltar, trepar, luchar) con objetivos similares: obtener alimentos y alejarse de los peligros y amenazas del entorno. 

 

Si observamos la estructura de nuestro organismo, veremos con sorpresa la gran proporción de nuestro cuerpo dedicada al movimiento: nuestros músculos y huesos pesan más del 60% y tienen como función primordial el movimiento. Nuestras reservas de grasa, por lo general mayores al 20% del peso corporal, nos protegen del frío, producen hormonas, pero fundamentalmente son una gran reserva de energía para podernos mover muchos días y hasta semanas sin ingerir alimentos. Nuestro corazón y sistema respiratorio nos permiten captar el oxígeno y eliminar el CO2 generando ATP, energía química destinada entre otros al trabajo mecánico de nuestros músculos. 

 

Pero quizás lo más interesante de nuestro organismo con relación al movimiento y la sensación de bienestar es la interacción entre el cerebro y el sistema neuro-hormonal para iniciar, facilitar y regular miles de reacciones químicas que ocurren cuando hacemos ejercicio. Aun pocos segundos antes de iniciar el movimiento y por supuesto durante el ejercicio, nuestro sistema neuroendocrino es capaz de liberar grandes cantidades de adrenalina y sustancias similares para que nuestro corazón lata más rápido y con más fuerza, nuestras arterias se dilaten para llevar más sangre rica en oxígeno y nutrientes a los músculos y nuestros sentidos se afinen para reaccionar con mayor precisión a nuestra necesidad biológica fundamental: la supervivencia! Estas reacciones bioquímicas han sido llamadas reacciones de “fight or flight” (lucha o huida) dada su función evolutiva original . 

 

Como respuesta al esfuerzo físico y al movimiento aparecen entonces una serie de sensaciones que nos explican, por lo menos en parte, el bienestar físico y emocional. Nos sentimos más fuertes, más rápidos, más capaces, priorizamos, tomamos decisiones críticas y calculamos en forma más acertada nuestros movimientos. Con el fin de atenuar el dolor producido por posibles traumas y lesiones durante el ejercicio, producimos en nuestro cerebro sustancias similares a la morfina llamadas opioides endógenos o endorfinas, dopamina y serotonina que regulan la tolerancia al esfuerzo. Durante grandes esfuerzos en duración o intensidad se ha descrito una sensación de placer comparable con los efectos de algunas drogas e incluso se ha descrito en algunos grupos de atletas la necesidad imperiosa de repetir estas experiencias placenteras, planteando un cierto grado de adicción al placer generado por el ejercicio. Recientemente se ha descrito la producción de una proteína de propiedades muy favorables para la salud física y mental inducida por el ejercicio, se trata del “BDNF” o “Factor Neurotrópico Derivado el Cerebro” capaz de regular la ansiedad, la depresión y proteger nuestro sistema nervioso de problemas vasculares entre otros.

 

El movimiento corporal frecuente, ojalá diario, es capaz de inducir adaptaciones en prácticamente todos los rincones de nuestro organismo. Es así como una persona que realiza actividad física regularmente goza de mejor estado de salud. Su corazón es menos propenso al infarto, padece menos hipertensión, se protege contra la obesidad y la diabetes así como algunos tipos de cáncer (cáncer de seno y de colon). Inclusive, se ha demostrado ya que las personas más activas físicamente presentan menos deterioro cognitivo y menor probabilidad de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer y de Parkinson.

 

Pero además de los bien documentados efectos biológicos del ejercicio que sin duda favorecen nuestro bienestar físico y emocional, se han planteado numerosos aspectos psicosociales que interactúan con los componentes y dimensiones que parecen determinar la “felicidad” y el bienestar emocional. La gran mayoría de estudios demuestra en forma consistente una mayor satisfacción con la vida, mejor funcionamiento cognitivo y mayor bienestar psicológico. Por el contrario, las personas menos activas tienden a desarrollar con mayor frecuencia alteraciones psicológicas. Numerosos estudios documentan efectos favorables en el tratamiento de la depresión por medio de la actividad física, comparables con el tratamiento farmacológico antidepresivo de primera línea. Igualmente ha sido demostrada su utilidad en problemas de ansiedad. En adultos mayores, por ejemplo, se han podido asociar una mejor movilidad y velocidad de la marcha con sentimientos positivos de felicidad y bienestar, así como mejoría en la calidad de vida (mejor salud mental, beneficios sociales, empoderamiento y salud física) en aquellos que montaron más en bicicleta, gracias a un programas diseñado para mejorar sus destrezas y optimizar su confianza, venciendo miedos e inseguridades.

 

 

La explicación de estos efectos psicosociales de la actividad física y el movimiento parecen estar relacionadas con el desarrollo de habilidades y fenómenos escenciales para la salud mental como mayor autoestima y autoeficacia, destrezas para la socialización, la tolerancia a la frustración, el manejo de la competencia, la capacidad para definir metas y objetivos concretos así como el manejo del triunfo y la derrota.

 

Podemos entonces concluir que el ejercicio y la actividad física hacen parte fundamental de la vida, del equilibrio mente-cuerpo desde hace millones de años. Durante el ejercicio físico se activan factores biológicos y psicosociales que interactúan permanentemente en nuestra mente y nuestro organismo generando sensaciones y actitudes positivas que favorecen una mejor salud mental y bienestar emocional, también conocidos como felicidad. 

 

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